fmmustis

al inicio,
escurrieron diamantes concéntricos,
ártico llanto comestible.
hubo un bosque de coníferas
palpitares en el cuerpo,
fue así como los cristales de fósforo y leche
formaron mi exoesqueleto.

mi caminar deliberado, de absenta y aceite, fue quien me llevó hacia los niños, a sus papalotes, a su juego de arena, al baile en el haz de luz sobre mis dedos. los niños viven y comen viento del altiplano encerrado en aquellas frutas, sus cantos se repiten como la piel de un quetzal. caminan ave en el espíritu de una flor, en los montículos azules de las pupilas y los sueños, los universos contraídos les cantan cometas en polvo. ya no serán nunca recuerdos, nunca quedarán rociados de firmamento, de cañaverales cubanos, de nubarrones violeta
esperemos.
…O.o.O…oO..o.Ooo…O…
la vida simple es un sueño y matemáticas cartesianas, los seres de luz se estremecen con la sonrisa de un pájaro. años que no se detienen, devuelta a niña construyo ciudades en la playa, germinan todos los meses enormes plantas de azúcar, colores de mar navegan pintados sobre la arena, ondea el universo en mis manos como alas de mariposa… ondea el universo en mis manos como alas de mariposa…  como jazmín… como venado… como planta sagrada… como el pestañeo de una estrella.
¿por qué nunca pude dibujar las manchas de sus ojos? que son como lenguas de bronce, como festividad de lagartos, fueron alma de niños caleidoscopio, de infinitas pupilas egipcias. reacios, como rocas partidas por ríos y peces que no se dejan comer, que no saben de su carne preciosa, de su peculiaridad proteínica, de su sabor a tierra mojada. no podría dibujar algo que no existe, aunque lo crea firmemente. no podré ser manantial si una efigie evita que me libere.
las marías de la esquina, jorobadas por su peso, esperan la lluvia de moluscos para volver, para volar, para emigrar de su constelación a una isla en Galápagos. tienen fortalezas internas, como montaña inca rebanando el aire, fortalezas que huyen del sol, secuencia de monolitos, de minerales sulfurosos, de acólitos mayas serpenteando en la selva que, al precipitarse, forman millares de alfeñiques, de tranvías que llevan cargas hermosísimas, como polvo de mar o águilas rotas.
ay! marías fugitivas… ay! de ustedes que son peñones élficos, tierras de Gibraltar, quédense lejos del reptar de sus hijos, háganse nudos o semillas o sus aves.
miro el universo en la tierra: es el sudor de mi frente, es la gravedad de nuestras auras, un elemento o placenta, un nido tántrico de veredas azul carmín. el árbol tallado en mis brazos eclipse, una cascada de ríos y nuestras risas como mitología de mujeres pavo real. sí, es mi herbívora nave tierra con sus amores de alambre, suena el theremín de mi pecho, como las piedras en la sangre, como las sustancias brillantes que se evaporan en el día y su piel de durazno a mi sonrisa en tus labios, en tus costados, en tu torso de pájaro, en tu cuerpo astronauta, en tus manos amatista.
el día corría tranquilo, andaba por todas partes, por multiplicidad y caída, por el cenote de estrellas, abriéndose camino en las entrañas de mil ángeles y el tiempo. se alimentaba de todo, con humanidad extranjera, con amabilidad, con gracia burguesa, con su felicidad como esporas, de su vegetación en las uñas. porque los días no se acaban, sólo son los pestañeos de dios, por lo tanto, veo mi vida en sueños, en su repetición, como ave de trópico con boca de península, sueño el núcleo, la conciencia, sueño con el rompecabezas y el ablandamiento de mis naves, con sus ciudades flotantes y sus dimensiones paralelas como rebanadas de pan y de olivo.
rezo por los rumbos distintos, por hacerlos mapa y planeta en el caparazón de una tortuga, como voladores de Papantla rascando la panza del cielo, haciendo tonadas, hechizos druídicos, bosques de cornamentas y símbolos sagrados con cadáveres de ninfas rotas, que amo por su energía, por su número inacabable. dejemos el vuelo en fontimorseles, en cocorantes o en heretikópolos, hay que volar a pie, del laberinto al volcán. volar corriendo por las esquinas de los cerros, planear en el vaivén de una cortina, volvernos mujeres sin cabello, como una nación de nubes con nubes dentro de sí, como meteoritos o manglares, como sabor de azafrán o besos equivocados, haciendo escalas en monumentos divinos de garzas y corceles mágicos de magma turquesa, esperar en los soplos de corazón, en los duendes amarillos vueltos vasijas en comunidades desérticas y en los libros con alimañas… porque la vida en sí misma es color arrecifes, estaciones de carga, utopías cancerígenas, sábanas dulces, filosofía inservible, puentes…
y de esos salvajes ayeres hechos costra y escarabajos.
o.Oo..Oo…ooOo..

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